viernes, 16 de diciembre de 2011

Introspectiva

Me siento un tanto solo, antes de entrar a formar parte de la milicia, pensaba que aquí tendría una vida plena. Pero me he ido dando cuenta de que no lo es plena en todos los sentidos. Me siento en muchos aspectos vacío, falto de tacto y afecto. ¿Será mi forma de ser? Sólo tengo una persona con la que comparto mis inquietudes, y ella no me corresponde. ¿Será que me he cerrado al mundo? No lo se, ni creo saber responder. Estoy rodeado de gente y me siento como un lobo solitario. Supongo que es mi forma de ser, no suelo abrirme a ninguna persona... Ni creo que lo haga

Pensaba eso mientras caminaba hacia las puertas, abrí las puerta de la muralla y camine por el adoquinado suelo, haciendo sonar las botas con el característico sonido de un paso más que comedido. Abrí las puertas que daban hacia el exterior de Angor, como siempre, un bullicio constante. Algunos me saludaron al pasar, pero mi vista se eclipsó al ver una chica. Una chica solitaria, apoyada a la derecha de las puertas, con la mirada un tanto perdida, como si no supiera que hacer... Como si mi cuerpo no me respondiera, me acerqué a ella, le sonríe, ella me sonrió. Me llamo Siggurd, le dije. Me llamo Nuara, me contestó. Compartimos unos buenos minutos de charla en ese momento estaba de servicio, pero no me importó. Creía haber encontrado ese pedazo que me faltaba para completarme. ¿Menuda tontería eh?.

Tras terminar las últimas palabras, el resultado fue claro. "Te espero en el Vencejo para cuando termines tu turno", me dijo. No pude negarme, simplemente no pude. Supo decirme lo que quería escuchar.

Durante todo el turno no pensé en otra cosa, aquella cita.. Uhm... Era raro. No sabía bien que tenía que sentir, no lo tenía claro. Llegó la hora, sonaron las diez campanadas que dieron aviso de que mi turno había acabado. Entré al cuartel, casi quitándome la armadura por los pasillos. Botas, guantes, peto, todo fuera de forma rápida, dejé todo lo que compone la armadura encima de la litera sin mucho cuidado y salí tras vestirme cómodo. Con prisa pero sin ir corriendo entré al vencejo. Allí estaba ella, sentadita, esperándome. Había más gente en aquella taberna, la mayoría conocidos. Pero ese día no tenía intención de hablar con ningún otro.

Me senté al lado de Nuara, corrió el hidromiel y las palabras, charlamos sobre lo que fuimos y lo que somos. Resulta que es huérfana.. Al igual que yo. Eso me reconfortó, pues pensaba que así nos entenderíamos mejor. Tras muchas horas, que pasaron como si fuera minutos, nos despedimos. Pero no fue un adiós, fue un hasta luego, pues le dije de volver a vernos en el Vencejo. Ella accedió.

El día pasó rápido con el único pensamiento de volver a verla. Llegó el momento y allí me presenté, allí volvía a estar, sentadita, esperándome... Vaya, he tenido suerte.

Le conté un poco mis penas, ella me miró con esa carita.. Como si pudiera entenderme, me reconfortaba estar con ella. Cuando se terminó la jarra, se levantó y me dijo.. "Ya se lo que te pasa... ¡¡Necesitas divertirte!!" Sin más salió por la puerta, con una sonrisa dibujada en mi cara, fui detrás. Corrimos por las calles de Angor, en dirección al barrio central.  "¿Donde me llevas?" Le pregunté. "¡Te llevo a un sitio a proponerte algo indecente!" me respondió. Mi corazón se aceleró y una sonrisita tonta surgió en mis labios. Jo jo, no me lo creía. La seguí como corderito al matadero. Que incrédulo fuí...



Llegamos hasta el barrio de los campesinos, allí dejó de correr. Llevó su mano a mi cinturón y me acercó a ella, notaba como latía su corazón a esa distancia. Le pegó un mordisquito en la oreja y se me subieron los colores. Se echó a reír y siguió corriendo, salio por la muralla hacia los campos, la volví a seguir y una vez allí...



- ¡Te propongo un trato! - Me dijo.
Me eché a reír, estaba nervioso por la situación que se había planteado.
- Yo te doy diversión, y tú me das monedas. - Creí que se me había parado el corazón en ese momento.. ¡Como había caído en tal ardid! ¡¡Me había manipulado como había querido!! No pude creerlo, no quise creerlo. Creía que ella sería ese trocito. Pero no resultó ser más que una puta... ¡Pero una puta jodidamente lista!.

Me negué, ella se lo tomó a disgusto y volvió a poner esa carita de pena... Pero ya no volvería a funcionar conmigo. Le lancé un par de monedas de plata y me largué de allí...

En fin, vuelta a lo de siempre... Que necio fuí al aferrarme a esta oportunidad.

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