sábado, 19 de noviembre de 2011

¿Pandereta? Joder.

Estaba charlando con Deigo, sobre la idea de volver a alistarse a la milicia, cuando empezó el revuelo. Salí raudo mientras me encasquetaba el yelmo y preparaba el escudo. En las puertas había un tumulto de gente rodeando a un hombre norteño de Bergur, estaba herido. Sin embargo algo hacía más mella en él que las heridas, pues su familia había sido raptada por unos bandidos, o eso afirmaba. Tras intentar tranquilizarle, le dije que sacaríamos a su gente de las garras de sus captores. Pedí ayuda a los aventureros de por allí, por suerte, la mayoría decidió acompañarme, era un grupo bastante nutrido y yo me sentía bastante orgulloso de verme al frente de todos ellos, jé, ser ya Guardia tenía que tener algo bueno. Caminamos por el camino viejo dirección Bergur, allí, había un carromato destrozado y un cuerpo acribillado de virotes. Tambien estaba Lahos, pero por desgracia no nos acompañó. Por el revuelo de pisadas cerca del carro diría que eran unos 8 humanos. Seguimos el rastro que nos llevó directos hacia una de esas grutas utilizadas por los bandidos de la zona. Estaba plagado de esos malnacidos, gracias a la espada de Khoran pudimos abrirnos paso con cierta facilidad, Nana y Milena consiguieron adentrarse mientras nosotros lidiábamos con esos rufianes. Mia, Wallaw, Deigo y ese mestizo ayudaron en la contienda. Nos abrimos paso hasta las celdas, derramando tanto nuestra sangre como la de aquellos bandidos. Era una batalla desorganizada, pero sabía de antemano que no podría hacer de unos aventureros un grupo cerrado de combate, además, son más eficaces luchando como siempre lo han hecho.

Llegamos al final a una zona de celdas, acabamos con todos y Mia redujo al cabecilla con facilidad, Khoran se cebó con él un ratillo, luego atamos bien a ese cabecilla que acabaría llamándose Pandereta. Milena rápidamente dio con los cautivos y los sacó, Wallaw atendió sus heridas y por fin nos marchamos, Mia hizo que los ojos fuera inútiles al intentar encontrar a las niñas, cosa muy útil.

En resumen: fue una cosa rápida, entrar y salir, algo bien hecho.

Reunimos a la familia y la escolté de vuelta a Bergur, informé a su Sargento, tras las gracias correspondientes volvimos a Angor, había que ajusticiar al Pandereta.


 Cuando volvimos a Angor, Khoran había dejado alguna que otra marca más al Pandereta, y no es que me importara, total, iba a morir. Informamos al Sargento y fui a buscar una cuerda, preparé el patíbulo, llamé al verdugo. El Pandereta pidió una moneda para que su muerte fuera rápida, mas nadie se la ofreció, como no. Sin mucha más ceremonia, el verdugo tiró de la palanca, la trampilla se abrió y el Pandereta quedó colgado con la mala suerte de no morir en el acto. Agonizó ahorcado unos minutos hasta que al final expiró. La justicia se ha hecho, gracias a todos por haberme acompañado.

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